El Papa responde a Stephen Hawking sobre el Big Bang
El Papa responde a Stephen Hawking sobre el Big Bang (publico.es)
El papa Benedicto XVI no está dispuesto a dejar que cale la idea de que Dios no es necesario para explicar el origen del universo, como asegura el físico Stephen Hawking en su último libro, El gran diseño. "El universo no es resultado del azar, como algunos quieren hacernos creer", defendió Ratzinger en su homilía de hoy en el Vaticano, en la que trató la supuesta visita de los Reyes Magos a Belén para celebrar el nacimiento de Jesús.
Hawking despertó un importante revuelo en sectores religiosos al asegurar en su libro, publicado en septiembre, que "no es necesario invocar a Dios para que encienda la mecha y ponga el universo en funcionamiento".
Según explicó el Papa en su alocución, las teorías científicas que, como el Big Bang, explican el origen del universo, se quedan cojas si no se recurre a Dios: "No debemos dejarnos limitar la mente con teorías que siempre llegan sólo hasta cierto punto y que, si nos fijamos bien, no están en competencia con la fe, pero no pueden explicar el sentido último de la realidad".
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No creo en Dios, pero tampoco en el la Teoría del Bing Bang. (*)Creo que ambas cosas son cuestión de fe, y nunca se podrá demostrar ni confirmar ninguna de las dos cosas = la existencia de Dios, ni la teoría del Bing Bang.
Hace unos dias vi un chiste, en la portada de la revista De Libros, que resumen bien esto:

En ese número Júan José Gómez Cadenas (Profesor del CSIC) hace una critica del libro El gran diseño de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow.
Pongo algunos fragmentos:
En caso de que algún desconfiado se pregunte qué hacen este par de físicos metidos a profetas, los autores nos informan, en la mismísima primera página que: «Tradicionalmente, estas son preguntas para filósofos, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no ha sabido responder a los modernos desarrollos de la ciencia, en particular de la física». Y por si no quedaba lo bastante claro: «Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra cruzada por el conocimiento».
Es una de las cosas que creo respecto a la teoría del Bing Bang, que es más filosofía que ciencia.
Estas y otras perogrulladas por el estilo, junto con el aluvión de sentencias grandilocuentes dejadas caer a matacaballo («La teoría M predice que un gran número de universos fueron creados de la nada. Esta creación no requiere la intervención de un ser sobrenatural o Dios»)
Esa es la parte del chiste..., "de repente un milagro ocurrió". Por mi parte tengo claro que para la existencia del universo, no hace falta un Dios (otra cosa es desmostrarlo). Pero venir a decir que un gran número de universos fueron creados de la "nada", es como sólo cambiar el nombre de Dios por "la teoría M"...
No todo lo critica, después de un párrafo donde resume uno de los experimentos que explican en el libro dice:
A estas alturas el lector ya se encuentra bastante a gusto. Da la impresión de que, tras los fuegos de artificio, nos encontramos, después de todo, con un buen libro de divulgación, capaz de exponer, con un lenguaje sencillo pero razonablemente preciso, los fundamentos de la física moderna. La lectura, además, es amena y agradable, a pesar de los frecuentes chistes –con poca gracia– que jalonan todo el texto.
Eso si, a continuación:
Pero el romance dura poco. El quinto capítulo («La teoría de todo») parece escrito para acabar con el lector más arrojado. Arranca con cuatro veloces páginas dedicadas a explicar el concepto de unificación, utilizando el ejemplo de cómo las fuerzas eléctricas y magnéticas pueden describirse mediante una sola teoría, el electromagnetismo, explicitado por las leyes de Maxwell. Aún más veloz es la introducción a la teoría de la relatividad y no menos rápida la descripción de las interacciones que gobiernan el comportamiento de las partículas elementales (gravedad, electromagnetismo, fuerza débil –responsable de las desintegraciones radioactivas– y fuerza fuerte, responsable de las interacciones nucleares).
Sigue un cursillo acelerado (otras cuatro páginas escasas) de teoría cuántica de campos, incluyendo el uso de diagramas de Feynman y los juegos malabares que permiten eliminar los infinitos (renormalizar) que aparecen en los cálculos de electrodinámica cuántica y unificar la teoría débil con el electromagnetismo, resultando en el llamado Modelo Estándar. A los que superen el empacho les aguarda una todavía más apresurada descripción de la cromodinámica cuántica (que gobierna el comportamiento de los quarks, o componentes elementales de protones y neutrones) y una incursión por las teorías de la Gran Unificación (o GUTS).
Pero eso no es nada. Si queda algún superviviente, Hawking y Mlodinow le han preparado, en las últimas páginas del capítulo, una maratón que discurre por las teorías cuánticas de la gravedad, las fluctuaciones del vacío y las teorías supersimétricas, hasta alcanzar las supercuerdas y la federación, república o alianza de teorías denominada M. Conscientes de que cualquiera que siga todavía leyendo es capaz de digerir lo que le echen, los autores acaban con una traca final que incluye una divagación sobre las once dimensiones que predica la teoría M y cómo esta multiplicidad posibilita diferentes universos, dependiendo de la manera en que uno escoja plegar las dimensiones sobrantes que la teoría predice: «Y entonces llegó la incertidumbre cuántica, el espacio curvo, los quarks, las cuerdas y las dimensiones extra y el resultado neto de su trabajo es 100 universos, cada uno con leyes diferentes».
Para terminar , pongo el fragmento en el que explica mejor que yo, lo que dije antes (*)
Es cierto que la ciencia ha eliminado la noción primitiva de un mundo regido por el capricho de deidades. No es menos cierto que ninguna de nuestras observaciones, desde la escala subatómica a la ultragaláctica, ha detectado jamás elemento sobrenatural alguno. Parece de cajón que el universo del hombre del siglo XXI no puede albergar el mismo tipo de divinidad que regía los destinos de las tribus nómadas de hace tres mil años. Puede que muchos, incluyendo el que suscribe, lleguen al convencimiento de que tal divinidad no existe. Puede, incluso, que tal conclusión suponga una liberación. Pero para este viaje no se precisaban tales alforjas. Pretender que la teoría M –que, por cierto, nunca nos explican– permite eliminar el concepto de Dios es meterse en camisa de once varas, e invita, como ha sido el caso, a un aluvión de estéril polémica.
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Por cierto, ¿no habrán dicho tan alto lo de "Dios no hace falta para explicar el universo", para vender más?...
Además, lo de teoría "M", me parece el inicio de la palabra mier*$ , de mier*$ de teoría.



















gabriela dijo
http://www.youtube.com/watch?v=xrCHNsBSkek
Pienso lo mismo.
7 Enero 2011 | 04:09 AM