Era un día cualquiera…
Como todos los días, caminaba hacia la parada de autobuses…, que estaba cerca del metro de la estación de Tetúan de la línea 1 de metro(Madrid)
Tenía más sueño de lo normal, todavía era muy de noche…, fui tan temprano que no habían llegado todavía los repartidores de los periódicos gratuitos.
Esperaba al autobús número 124…
Cuando llegó, aunque estaba muy lleno, prefería subir y no esperar al siguiente..., lo hice por la puerta de atrás.
Justo cuando estaba subiendo, el conductor cerró las puertas…, golpeándome los brazos, con tanta fuerza que saltaron mis gafas…, quedándose dentro.
Estaba tan dormido, que tardé unos segundos en darme cuenta que las gafas saltaron…, y que no veía ni torta. Nada más darme cuenta que las gafas estaban en el autobús empecé a dar golpes a la puerta.
Gracias a la gente, el autobús paró…, se abrió la puerta y uno de los pasajeros me dio las gafas…
Pensando en la situación tan ridícula, me puse las gafas… dándome cuenta que le falta un cristal (que el muy desgraciado de vez en cuando le daba por saltar, desde hace un tiempo tengo otras)…, así que otra vez a dar golpes a la puerta, metiendo el dedo en donde faltaba el cristal, para que algún pasajero se diera cuenta y pidiera que el conductor parara…, gracias a otro pasajero, el cristal se pudo recuperar sin problemas.
…El conductor cerró la puerta por tercera vez, quedándome en tierra.. y el autobús salió lo más rápido posible, tal vez para que no dijera nada más…mientras colocaba el cristal en las gafas.



















mary-chan dijo
Vaya situación... como para subirte otra vez al autobús.
Yo hace bastantes años iba con mi hermana, (que entonces era pequeña) en el autobús y cuando ibamos a bajarnos, a ella no le dió tiempo y se empezaron a cerrar las puertas. Cuando me di cuenta, metí la pierna en medio para bloquear las puertas y entonces pudo salir. No veas el susto que me llevé.
Ciao!
4 Junio 2008 | 06:33 PM